PILAR TÁVORA: UNA PULSERA Y UN CHUPA CHUPS.

Difícil escribir para un blog que sabes que leerán sobre ellos aquellos que no pueden tener la libertad de escribir desde su casa como lo hago en este momento yo. Todos podríamos estar en su lugar – todos- y no exagero cuando lo afirmo. La vida está llena de incógnitas, de momentos inesperados en los que podemos actuar de forma muy distinta a lo que lo hacemos bajo circunstancias normales, habituales. Podrían ser nuestros hermanos, nuestros primos, nuestros padres, nuestros amigos o nosotros mismos.

Hablo en masculino porque era una cárcel de hombres.

Muchos controles antes de que se fueran abriendo las grandes puertas de barrotes de hierro. Nada que llevar contigo dentro excepto un pequeño Dvd, un objeto redondo, como el mundo, con otro mundo dentro.  Lo demás lo dejas fuera : tu bolso, tu documento, tu móvil con la seguridad que todo lo recuperas a la salida porque te consta que en tres horas vuelves a estar en tu casa escribiendo ante tu ordenador. Con una diferencia:  ya no eres la misma. Ya no.

Recuperas tu bolso, tu documento, tu móvil y tu casa, pero algo en ti se ha vuelto a mover por dentro. Y lo han movido ellos.

No es la primera vez que entro en una cárcel para compartir unas horas y llevar un poco de exterior pero hacía tiempo que no iba. Esta vez llevaba en la mano una historia, un documental de superación y de música que diera pie a un coloquio interesante. Y lo dio. Pero no sobre la obra sino sobre ellos mismos, sus sentimientos y alguno se abrió y contó el por qué no era libre. Su aspecto, su ropa, su forma de hablar , su comportamiento era como el de cualquiera de nosotros, de nuestros hijos. Y las circunstancias por las que estaba también podían ser las mismas que nos llevara allí a nosotros. No quiero dejar de insistir sobre esto. Tenía los ojos clarísimos y hablaba con calma de lo que le ocurrió.

Antes de la proyección, iban entrando, saludando y ofreciendo lo que tenían. Agradecí y no tomé nada, que lo que les falta es que lleguemos del exterior a comernos su merienda. Luego entró Carlos y me ofreció un chupa chups. ¡Hacía tanto tiempo que nadie me ofrecía un chupa chups!!! Lo miré y no pude evitar sonreír por lo inesperado y lo “precioso” que me pareció. Lo acepté, claro que lo acepté.

Mientras veía a mi lado el documental, Cristian, un chico de veintipocos años que había estado ayudando a poner cables, ordenar mesas… puso ante mi un ramillete de cordones de colores y me dio a elegir  dos. Me decidí – a falta de malva- por un verde claro y un gris plata. No pregunté para qué y seguimos compartiendo la obra audiovisual. Nos reímos juntos y comentamos algunas de las intervenciones del docu. Durante todo el tiempo pensé que era un ayudante de la ong con la que fui “Solidarios para el desarrollo” que había llegado antes que ellos para preparar. Al irnos pregunté a Carmen, que si se venia con nosotros o se iba por su cuenta… pero se quedaba allí, era uno de los internos. Hablé con él, me enseñó una especie de diario donde anotaba todos los “días internacionales” de lo que fuera y me contó que le gustaría estudiar derecho y que estaba muy arrepentido pero que el mundo no gira la revés ni el tiempo te devuelve a dos segundos antes de aquel momento. Es un chico maravilloso. Lo puedo asegurar. Le quedan aún muchos años dentro según me dijeron. Me angustié al saberlo pero, de camino a casa, pensaba que los barrotes que privan de la verdadera libertad no son sólo los de la cárcel : hay barrotes con toda clase de forma que nos encarcelan de manera sutil, invisible, canalla, impudorosa, terrible. A ellos también.

Cristian me regaló una pulsera verde y gris plata que había estado haciendo mientras seguía atento el documental. Me la puso y la llevo puesta casi a diario para recordar sus ganas de vivir, de estudiar y de superar el pasado y me sirve de ejemplo en muchos momentos de muchos días. El chupa chups también. Decidí guardarlo y verlo todas las mañanas al abrir el cajón para recordar que ellos están privados de libertad y que sueñan con tener algún día la misma puerta que yo para salir a la calle, pasear por sus barrios, besar a su gente querida y dormir en su cama… y que esta sociedad no los señale con el dedo ni les obligue, de nuevo, a volver por ser incapaz de buscar caminos para ellos que – recuerdo una vez mas- podrían ser nosotros, son como nosotros.

Cristian no te rindas y estudia que serás un magnifico abogado. Carlos, gracias por ese chupa chups que por muy insignificante que te parezca significó mucho para mi como tu respeto y atención al trabajo que fui a presentar.  A los demás, gracias por vuestra presencia y vuestra sinceridad. Nos volveremos a ver porque tengo que aprender mucho de vosotros.

Todos somos prisioneros de algo… todos tenemos que buscar la libertad y nunca dejarla ir … os mando un beso.

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