MAGDALENA. ME SENTÍ ENTRE AMIGOS, SÓLO FALTABA LA CERVEZA.

Había una vez un castillo con patas y alas que cambiaba de lugar según le venía en gana
en el intervalo del deseo
de una palabra que no conozca remordimiento por no haber llegado a tiempo
que pasa como los ríos en su camino desde la orilla hasta el mar
maga que con su energía hace levitar los días
que pasan y dan lugar a una nueva noche
hace frío y está oscuro pero siempre sale el sol,
al caracol, al caracol, despacito se movió
el cuerpo y me hizo temblar
de emoción, al saber que la libertad me espera para ser feliz
estoy más feliz que una perdiz
se perdió la perdiz que no encontró el camino
llevo pan, tocino y vino
vino y se bebió
bebí una gran cerveza fría
fría es la vida, fría la muerte fría es mi esperanza a la luz del dia
el día se presentó soleado y hermoso
como todo lo que hace a uno sentirse vivo.

(Texto escrito entre los presentes en el aula a través de un juego propuesto por las invitadas).

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El pasado miércoles 25 de marzo 4 poetas: Rocío Muñoz, Angélica Erta, Gloria de la Torre y yo, María Magdalena Blanco visitamos el aula de cultura.

Llevábamos nuestras poesías y algunos juegos para hacer entre todos. No sabíamos si el tiempo nos iba a alcanzar porque siempre resulta escaso.

Una vez superado el camino de controles, rejas y pasillos encontramos la mejor bienvenida posible: pulseras de colores y chupachups!!

Después de presentarnos cada un@ con colores y sentimientos además de nuestros nombres, se había creado un ambiente ideal para recitar nuestros poemas: había expectación, complicidad y ganas de compartir, incluso tuvimos un “espontáneo” que improvisó una poesía estupenda.

Luego hicimos el primer juego compartido, el “Binomio Fantástico” para el cual era preciso que dospalabras fueran dichas a la vez por dos personas distintas:“guitarra” y “nube” hicieron saltar la chispa y la creatividad: sonrisas, acordes, alegría de vivir, esperas, baladas tristes pero de esperanza, lluvias, arcoíris de colores… fueron volcándose en el papel.

Los papeles escritos y firmados volaron transformados en aviones de papel, regalos mutuos que nos hicimos.

El tiempo se ajustó a nuestros planes, dejándonos crear entre todos un “cadáver exquisito” como nos enseñaron los surrealistas.

Intercambiamos direcciones, prometimos cartas y cuando nos despedíamos escuché algo que definió el rato compartido perfectamente: “Me sentí entre amigos, sólo faltaba la cerveza”.

El avioncito de papel que me alcanzó traía éste poema:

Oigo la guitarra,
me ausento: sólo yo y una melodía
Me siento en las nubes
simplemente con cerrar los ojos
la música despierta sentimientos
los sentimientos despiertan la música.

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