Guillermo Vílchez. A casa por navidad.

Como animal de sangre caliente que soy, no olvido quién tiende a gobernar mis actos. Pero como andaluz obstinado que nací, rara vez le dejo hacerlo. “Corazón, lleva tú el carro, pero la ruta y el destino los marcan mis narices”; y es que, aunque conduce que da gusto, no me fío de dónde pudiésemos terminar todos si mi mollera no fuese a su lado, y con parte de las riendas bien sujetas.

En mi vida hago lo que hago a sabiendas, y como entré en Sevilla 1, así escribo estas letras.  Así recorrí los pasillos y estancias hasta llegar al aula, ansioso e ilusionado por compartir la música de guitarra más bella que conozco, y convencido de no poder hacerlo por dejar que la espontaneidad, la participación ajena y la naturalidad rubricasen la tarde. Así se lo hice saber a todos y así reaccionaron, ora cantando, ora bailando, ora pidiendo, riendo y mostrando. ¿Mi reacción? Como la de quien se moja las manos al ponerlas bajo el grifo: certeza y satisfacción despojadas. ¿Nada más? Hubo mucho, mucho más. Pero todo cabe ahí, pues no podía esperar otra cosa; no de una gente que por vivir es que está donde está. Y como pasara antes con tantas otras certezas confirmadas durante la tarde, me despedí de todos ellos a sabiendas de que volvería a visitarles en cuanto tuviese o hubiese ocasión.

guillesev1Porque mi vida esta subyugada a mi voluntad no lamento escribir que dicha certeza no será tal: que no volveré a Sevilla 1. Después de leer este blog y contemplar cómo casi la totalidad de invitados tienen intención de repetir y volver al Aula de Cultura, elijo apearme de este tren y no viciar así el aire de sus vagones. No es en ningún caso una prédica o recomendación al resto de invitados: será fantástico que formen, junto a todos los integrantes del módulo, una enorme y bien avenida familia. Pero si es esa la intención, formar una familia entre todos, dejad que me asigne el papel del joven que parte en busca de fortuna, y que promete no volver a casa hasta no haber encontrado provecho, fama y riquezas. Hace tiempo que me siento bien aprovechado, y como ya les conté a ellos, fama y riquezas me preocupan menos que nada, como los chismes de los viejos amargados. ¿Entonces? Entonces, como ocurre en los cuentos, en que el protagonista vuelve a su casa más o menos rico, famoso o desconocido en el ancho mundo, pero en buena compañía, yo regresaré, si me dejan, pero no solo. Si de mí depende sabréis del mundo, como el mundo sabrá de vosotros.

PS.- Rai, Javier, Jesús… mil gracias por todo.

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