“Pasado rojo, futuro verde”

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“¿Vamos a montar un huerto?”, Sergio se mostraba impaciente. “¿Pero quién?” replicaba Christain, “dame diez personas”. Las palabras de nuestro invitado empiezan hacer efecto, desde su silla se muestra expectante, sonríe.

Paco Casero fue el invitado del aula de cultura de este último viernes, fundador del Sindicato de Obreros del Campo, líder jornalero, pacifista, ecologista, enamorado de su tierra y jubilado. Hace poco se presentó un libro sobre su vida, su lucha, “pasado rojo, futuro verde” escrito por Raul Limón.

Pero él no venía hablar de su libro. Tampoco venía hablar de las huelgas de hambre que realizó por defensa de la dignidad de las gentes del campo, ni de las cuarenta y tantas veces que lo detuvieron, ni de cómo dejo sin palabras a un coronel de la guardia civil. Él no nos vino a contar nada eso. Él vino hablar de huertos. De tomates, de naranjas, de arroz y de pollos. De esa gente que necesitas a diario, no del arquitecto, o el fontanero, no del médico o el maestro. De esa gente que necesitamos para poder comer cada día, la gente del campo.

Nos habló de la “rentabilidad”. ¿Qué es rentable?, “aquello que sale más a cuenta, no?” dice uno de los internos. Entonces, si crío un pollo a base de pienso, lo engordo con antibióticos y lo vendo a los pocos días muy barato, es rentable. Y si la fruta que tomamos fuera de temporada viene de kilómetros de distancia, contaminando, pero es barata porque de donde viene se le paga un sueldo mísero al productor, es rentable, o la tierra donde se produce está engoñipada de nitratos y produce más de lo que puede, es rentable. Pero ¿se tiene en cuenta las repercusiones de todos esos abusos en nuestra salud?, ¿se tiene en cuenta las repercusiones sobre nuestra tierra?, ¿sobre el trabajo de los agricultores?. ¿Por qué si el gasto en alimentación medio de un ciudadano es del 18% de nuestro presupuesto nos empeñamos en regatear en el precio de unas patatas?. Porque no vemos más allá.

¿Por qué es más barato traer los tomates a la cárcel que plantarlos en el huerto que tienen?. ¿Se han parado a pensar en los beneficios que puede tener esa actividad sobre los internos, y la mejora de calidad del producto que van a consumir al cultivarlo de manera ecológica?. Los internos asienten, “pero prefieren comprarlo fuera antes que pagar a un monitor para que venga y nos enseñe”. ¿Así de simple? No lo sabemos.

Pero Paco no ha acabado, sigue lanzando datos, reflexiones “os habéis parado a pensar en los pantanos”, “claro, necesarios para beber” sin lugar a dudas. ¿Dónde filtra todos los nitratos del abono con el que saturamos la tierra? A los pantanos, ¿quien bebe el agua?, nosotros. “Estamos sólo pensando en el hoy” dice nuestro invitado, “tiene usted razón Paco, somos muy individualistas, aquí pasa igual cada uno va a lo suyo”. Los internos reflexionan, comentan. Cansados unos de querer cambiar las cosas y toparse con la desidia de los compañeros o las trabas burocráticas.

Paco nos cuenta porque no lleva corbata, porque se abrocha el botón del cuello de la camisa. Porque la gente del campo no lleva corbata, se abrochan hasta el último botón en señal de respeto. Y con esa gente, su gente, se presentó en Suiza con un autobús lleno, a la reunión de la OIT, para tratar de los problemas del campo. Y los recibieron, y comieron, con vino. “Fundamental en la vida son los convencimientos” nos dice Paco, “ la lucha es saber unir”. Los internos se remueven, el mensaje cala, “ahora no quieren hacer nada por la seguridad” comentan, “no nos dejan hacer nada”, el murmullo brota.

Sergio, callado, interviene “mire usted, yo creo que lo falta es educación, nos han educado como borregos, a consumir”. Gran verdad, educación para saber discernir, para valorar, para establecer “prioridades”. “Mucha genta hay en la cárcel por aparentar lo que no es”, comentan. Las prioridades marcan el camino en nuestra vida, un “lucha” continua.

Paco lleva unos minutos callado, los internos no paran de animarse de lanzar iniciativas, de sentirse vivos. “¿Pero para qué Paco? Yo ya estoy cansado” se lamenta Christian. Mientras, las voces de los compañeros se filtran por las ventanas, provenientes de un patio donde deambula los compañeros, un día tras otro, y tras otro…

“¡No te canses, puñetas!” le jalea Paco. “No desistir”.

Pero Paco, ¿cuándo vamos hacer el huerto?

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