Teatro de Improvisación (Viernes 9 de Junio)

Esta semana la cosa fue más “improvisada”… Vinieron a vernos y a compartir con nosotros un grupo de actores de teatro de improvisación, que ponen la guinda de su taller anual representando algo para nosotros, en Sevilla 1, desde hace ya varios años.

Desde nuestra llegada al aparcamiento hasta la entrada en el salón de actos, se notaba la buena energía y las ganas de pasarlo bien que el grupo desprendía, y eso es algo que siempre se agradece, más aún en un sitio como éste.

Hacía calor, no sé si fue por eso que no asistieron muchos. Una pena, por otro lado, pues se lo habrían pasado muy bien. Al principio, costó un poco que el grupo se hiciera a su público y su público al grupo, pero después de un par de dinámicas ya fluíamos todos con la misma corriente, empezamos a sentirnos en la misma onda. Ésta, en mi humilde opinión, es una de las grandezas del teatro de improvisación; todo puede ocurrir, pero siempre tiende a unir, a colaborar, a empatizar, a sacar lo más auténtico de cada uno que, por otro lado, es lo que nos hace más iguales, aquello en lo que más nos parecemos. Pues, al final, todos sabemos lo que significa enfadarse, enamorarse, sorprenderse, sentir celos, envidia, tristeza, alegría, miedo, asco… El teatro de improvisación, nos brinda la oportunidad de sacarlo a escena, en un contexto seguro, donde nos sentimos a salvo y decidimos arriesgar, ponernos a prueba, pero siempre por voluntad propia, nunca de manera impuesta, cada uno elige hasta dónde quiere llegar hoy y de qué manera quiere hacerlo. No hablo de planificar, pues eso se me antoja imposible y contradictorio con respecto al ejercicio de la improvisación. Sino de dejarse llevar, de tomar decisiones sobre la marcha, de sorprenderse hasta a un@ mism@, de apostar por tu espontaneidad o por la de algún/a compañer@, en definitiva, se trata de entrar en el juego por el propio placer de hacerlo. Para mí se trata de hacernos más conscientes, de creer en el cambio, de aprender a aceptarse y a aceptar y, en consecuencia, ser más capaz de tolerar a los demás. En conclusión, es una experiencia brutal que nos ayuda a recordar cómo se juega a la vida, de manera libre y creativa, nos devuelve una imagen de quien somos en realidad y nos invita a acogerla con cariño, para desde ahí, sanar.

Lástima, que en las cárceles, los centros psiquiátricos, los hospitales, los colegios y otras tantas instituciones importantes en el desarrollo físico, emocional, intelectual y social del ser humano, no sea la improvisación una herramienta imprescindible, una medicina natural, una asignatura troncal y una esperanza para el cambio.

Nuestro más sincero GRACIAS a todos por cada carcajada, por la bonita energía, por la valentía de compartir un trocito de vosotros, por el buen sabor de boca. Ojalá que volváis pronto!!

Cristina Neva

(Voluntaria del Aula de Cultura de Sevilla 1)

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