Archivo de la categoría: LAS PERSONAS INVITADAS DICEN

Cristales rotos

SI Cernuda se pregunta en Ocnos, ¿cuántos siglos caben en los años de un niño?, yo me pregunto ¿cuántos mundos caben en la mente de un recluso? Probablemente sólo uno y, tal vez, no merezca la pena. Hace unos días fui invitado por la ONG Solidarios a participar en el Aula de Cultura que integran dentro de sus actividades en el entorno penitenciario y puedo asegurar que quien realmente aprendió en el acto fui yo.

Sólo unos metros separan el espacio ocupado por los reclusos de la zona circundante, pero desde el punto de vista humano y solidario se encuentra a miles de kilómetros de distancia del resto de la sociedad. Rejas y rejas, controles y controles, más rejas, pasillos cutres e interminables con puertas cerradas que prefiero no saber qué esconden tras ellas, hasta llegar finalmente al módulo asignado. Un patio de cemento con paredes altas llenas de desconchados y un cielo increíblemente azul que se antoja aún más distante y lejano. Todo un simbolismo: arriba el cielo, abajo el infierno.

Reclusos paseando o sentados en bancos, mientras otros tienden ropa en un rincón. Algunos sonrientes, tal vez una risa sardónica y compasiva, otros cabizbajos, con las manos en los bolsillos, sin nada que hacer más que pasar el tiempo antes de volver de nuevo a la celda. La mayoría viste ropa deportiva, algunos ropa normal, incluso hay uno con cierta elegancia informal. Al pasar por el patio camino de la biblioteca cruzo mi mirada con algunos de ellos y adivino un drama interior que el tiempo de reclusión, casi con toda seguridad, no será capaz de resolver. Una vez en el aula se disponen sillas en torno a mí y acuden una cuarta parte de los internos. El resto sigue paseando por el patio, incluso un grupito comienza a cantar y tocar las palmas.

Me siento seguro y acogido. Me traen un café y comienzo mi charla sobre literatura de viajes. Toda una metáfora para quienes no pueden viajar. Por eso les animo a evadirse a través de la lectura. Escuchan atentamente. Nuestras miradas se cruzan. No me interesa el motivo por el que están allí, pero me apena su situación. En sus ojos veo una mezcla de resentimiento, recelo y gratitud por estar allí. Me interesan ellos, no su historia. Mi idea era llevarles un mensaje de esperanza. Aunque cueste trabajo hay que seguir creyendo en el hombre. Veo en ellos bellísimos jarrones de cristal que, por cosas del destino, se han roto.

Ismael Yebra

http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/2288256/cristales/rotos.html

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“Una tarde en la cárcel” por Clara Grima

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Seamos como ellos, vivamos cada minuto sin desear el siguiente y paremos a descansar para poder percibir la belleza que no se puede apreciar en movimiento”

Christian (interno en Sevilla 1)

Hace unos meses, no recuerdo cuántos, mi antiguo profesor y amigo Antonio Hurtado me habló del proyecto Solidarios  por el Desarrollo en Sevilla. Me contó sobre las actividades que el Aula de Cultura de esta asociación llevaba a cabo en el centro penitenciario Sevilla 1 y me preguntó si yo estaría dispuesta a ir a dar una charla. Me contó que él ya había estado y que la experiencia era muy gratificante para uno mismo y suponía un soplo de ‘libertad’ para los internos durante un par de horas en los que ‘el mundo’ entraba en la cárcel. Antonio es filósofo y un gran conversador, estoy segura de que todos los internos se embobaron escuchándolo como lo hago yo, como lo hacía cuando él era mi profesor hace casi 30 años. “Pero yo soy matemática, Antonio, ¿crees que les puede interesar escuchar hablar de matemáticas?” Les interesa todo, me dijo, les ilusiona tener contacto con la sociedad, que entre aire fresco de ‘la calle’. No pude negarme. Posiblemente porque me lo pidió él, seguramente porque supuso un nuevo reto para mí que no podía rechazar.

Estuve en Sevilla 1 el pasado viernes 3 de mayo. Acompañada de voluntarios de Solidarios en Sevilla y de Madrid, llegué, por primera vez en mi vida, a las puertas de un cárcel. Estaba nerviosa, claro que sí. Pero no por entrar en una prisión sino por la charla, porque no estaba segura de poder conectar con el público. Me habían dicho que había desde internos que no sabían leer hasta ingenieros. ¿Cómo iba a encontrar el tono adecuado? ¿Qué les podía animar a escucharme?  Antonio me avisó de que alguna gente, cuando iba a dar una charla, se angustiaba cuando se iban cerrando las puertas detrás de ellos al entrar pero, honestamente, no sentí ese miedo, solo me preocupaba no aburrirles. Estaba invadiendo su espacio, venía del ‘mundo libre’, no quería defraudarlos.

Pasados los trámites necesarios para entrar, lógicos en un centro de estas características, desprovista de mi juego de dados no transitivos (no los declaré en la lista de material necesario) y tras cruzar bajo una lluvia insolente varios patios y galerías repletas de espectadores curiosos (casi todos sonriendo para saludar) llegamos a la biblioteca del módulo de estudio. Allí conocí a Christian, un interno al que yo confundí con un voluntario de Solidarios. El interno que en este mismo blog escribe la cita que encabeza esta entrada. No sé por qué está allí Christian pero, en algún sentido, siento envidia de los que conviven con él. Una sonrisa permanente y unos ojos llenos de vida, una vida de unos 25 años, que te acarician sin tocarte y te susurran para tranquilizarte “no te preocupes, soy feliz aquí”.

En una sala con unas 30 sillas dispuestas en forma circular nos esperaban Chistian y unos 20 internos. Yo seguía nerviosa. Ahora incluso más. Me miraban y sonreían, me saludaban y yo seguía temiendo no estar a la altura de las circunstancias. Pero era la hora. Ahí vamos. Un interno me avisó, con ironía, de que cuando le pidiera hacer una raíz cuadrada se iría. Claro, yo también me iría si alguien pide hacer una raíz cuadrada a mano, le dije. Soy doctora en matemáticas y no sé hacerlas, ni falta que hacen. Creo que le convencí porque se quedó todo el rato.

Confieso que cuando me pidieron el título de la charla no sabía muy bien de qué iba a hablar. Las matemáticas de Facebook, propuse finalmente pensando que, últimamente, me había servido el boom de las redes sociales para reconciliar al público con las matemáticas, concretamente con la teoría de grafos. Sí, eso mismo pensé al entrar allí: era un tema y un título absolutamente desafortunado para unos internos sin acceso a internet y a las redes sociales. Pero allí estaba ya, ¿qué le íbamos a hacer?

Antes de entrar en materia hablamos un poco de probabilidad y falacias extendidas en los juegos de azar en general y en la lotería de navidad en particular. Creo que esa primera parte les interesó, estaban todos atentos, curiosos, participando con comentarios y burlándose, con razón, de la idea de hacer colas en determinadas administraciones de lotería y demás.

Les conté el desafío matemático que Juan Mata propuso hace unos años en El País. Nunca falla: un futbolista famoso y un juego al que ganarás siempre por conocer la estrategia ganadora. Como siempre hago cuando lo cuento en una charla, les pregunté si se les ocurría la estrategia ganadora. Casi inmediatamente, un interno sentado a mi izquierda propuso: “quédate con los pares”. No pude disimular mi asombro porque era la primera vez desde que lo cuento, hace años, en charlas con públicos de todos los niveles, que alguien adivinaba la estrategia ganadora. Yo misma no lo hice cuando lo vi en El País. Pero él sí, inmediatamente. Y no pudo reprimir una sonrisa victoriosa de satisfacción. Llevaba un polo rosa, no supe su nombre. Tampoco se lo pregunté, no sé qué preguntas se pueden hacer en un sitio como este. Pero no olvidaré su sonrisa y sus ojos claros encogidos de satisfacción y orgullo.

Y llegó Facebook y llegaron los grafos. Y allí seguían: curiosos, participativos y amables, muy amables. Les hablé de coloración de grafos y su aplicación a la organización de banquetes de boda e inmediatamente uno de ellos lo vio claro: tenemos que utilizarlo para la distribución de internos en los chabolos. Tuve que preguntar qué eran chabolos: celdas. Pero ellos evidentemente se estaban enterando muy bien de la aplicación que les estaba contando.

Casi sin darme cuenta, llevaba una hora y media charlando con ellos. El tiempo, ese maldito traidor que solo vuela cuando quieres que se lo tome con calma. Fue una experiencia absolutamente maravillosa: nadie dejó de prestarme atención ni un segundo. Son despiertos, muy curiosos, muy amables y cariñosos. En aquel momento, mientras recogíamos el portátil, el proyector y ellos me comentaban sus impresiones y me hacían preguntas, descubrí que el cansancio infinito que tenía justo antes de entrar el en centro, acumulado durante una larga e intensa semana, había desaparecido. Todo había valido mucho la pena.

Pero llegó la despedida. Y para eso yo no estaba preparada. De pronto me descubrí en el sitio más triste que había visitado nunca: en un cementerio de ilusiones. “¿Te quedas a cenar?” me preguntó Christian de broma. No puedo, respondí yo y él se deshizo en una carcajada. Cómo me iba a quedar a cenar, aquello es la cárcel. “Vete a casa, la comida es muy mala , de verdad”, me dijo otro interno sonriendo. “Y las camas no son cómodas”, dijo otro. Creo que fue entonces cuando sentí la angustia, cuando fui consciente de qué significaba ese sitio, de qué significa la privación de libertad. Y fue angustioso salir y que las puertas de la prisión se fuesen cerrando tras de mí. Pero, aún así, a pesar de esta sensación de impotencia y rabia,  me ha merecido mucho la pena. Muchísimo. Escribo esto recordando sus miradas, limpias y sinceras, y esperando que durante un par de horas, pudieran olvidar dónde están. Ahora solo espero que me vuelvan a llamar.

Quiero terminar dando las gracias a Solidarios para el desarrollo por su compromiso y generosidad con estas personas olvidadas por la sociedad. Por todos los demás proyectos que llevan a cabo. Y me gustaría invitar a todo el que haya llegado leyendo hasta aquí a colaborar con ellos, como voluntario, como socio, con una donación, con lo que pueda. Gracias, muy especialmente, a los voluntarios que estuvieron ayer conmigo: Marisa, Raquel, Marta, Rocío, Rai, Francisco, Cristina, Alfonso y Cristóbal. Gracias por demostrar que el ser humano sigue valiendo la pena.

Y ya sí, termino como empecé, con las palabras de Christian:

Seamos como ellos, vivamos cada minuto sin desear el siguiente y paremos a descansar para poder percibir la belleza que no se puede apreciar en movimiento”

CHARLA-DEBATE EN LA CARCEL DE SEVILLA

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SOLIDARIOS es una organización que promueve el voluntariado social que trabaja con personas en situación de exclusión, personas sin hogar, privadas de libertad, personas mayores y viene realizando un gran trabajo con presos. Invitado por Solidarios he vuelto a participar en el Aula Cultural que Solidarios tiene en la carcel de Sevilla (hace 10 años participé por primera vez); una charla-debate con un grupo de personas privados libertad, con los que durante dos horas hemos hablado de ecología, de producción ecológica y alimentación, de huerto ecológico, de la importancia de lo rural, de valores y responsabilidad, de prioridades y compromiso, de educación y prioridades; un debate vivo e intenso… he tenido que frenar mi intervención al final pues ya estaba haciendo planes y propuestas para hacer y no me daba cuenta dónde estaba… Es curioso: he dado charlas en muchos lugares y, sin duda, las dos en que he participado en este Centro Penitenciario han sido de un gran interés por sus preguntas y deseos de conocer, muy distintos a las universidades en que se limitan a tomar apuntes y son frías en cuanto a la participación… He conocido el caso de un joven con 24 años, cinco ya en el Centro, ha estudiado el bachillerato y ahora está estudiando la carrera universitaria, un joven muy activo, querido por los compañeros… y que me ha dejado pensando… hay casos para los que nuestro sistema no es el más adecuado. Les he entregado los libros “Voces del Campo” y “Pasado rojo, futuro verde”, hemos quedado en volver cuando los hayan leídos para seguir hablando y profundizar más… porque se han quedado muchas cosas por debatir… Gracias a Solidarios, a Marisa y su equipo por el gran trabajo que vienen realizando, por su generosidad y compromiso con estos colectivos, gracias por permitirme conocer mejor la realidad… sonrisa

Paco Casero

Happyterapias: “mientras más feliz sean las personas de tu alrededor, mayor es tu felicidad propia”

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Cuando el equipo de Happyterapias fue invitado a realizar una sesión de Risoterapia en la cárcel, nos tomamos como un reto el hacer sentir a personas con la libertad restringida la oportunidad de experimentar el poder de la risa y de la alegría como medio de apreciarse profundamente, soñarse en el lugar deseado y con la compañía amada.

Fue un éxito, ya que los participantes se iban abriendo rápidamente a medida que transcurría la dinámica, fluían y cooperaban de manera integradora y alegre entre ellos y con nosotros. Parecían niños jugando en un patio de recreo; fue hermoso ver esa pureza en sus rostros sonrientes.

Para nosotros fue muy emocionante percibir a esas personas sacando lo mejor del ser humano: muestras de ilusión, de confianza, de cariño, de juego y alegría, que se manifestaban en continuos gestos y expresiones como risas y sonrisas, bailes, abrazos, agradecimientos y otras palabras de contenido cariñoso.

Happyterapias tiene el compromiso de agradecer a estas personas la enseñanza tan valiosa de que en cualquier momento, en cualquier lugar, somos libres de decidir nuestra actitud a la vida. Ellos eligieron en ese momento estar alegres, sanos y agradecidos. Bien podríamos tomar nota los que “gozamos de libertad”.

En esta vida hay un pilar para nosotros: mientras más feliz sean las personas de tu alrededor, mayor es tu felicidad propia. Tal fue nuestro gozo al dirigir aquel viaje a través de la Risoterapia y del poder de la Risa, que les (y nos) llevó de nuevo a su FUERZA VITAL, a su YO armonioso, a su FELICIDAD DE NIÑO, a su PAZ….Creemos firmemente en la importancia fomentar una mente de alegría y serenidad para VIVIR esta vida desde el mayor de nuestros logros.

Gracias. Mamen y José Ramón

José A. Illanes “Un soñador podrá ser un marginado, pero jamás un cautivo”

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Esta tarde (20/11/2015), por invitación de Francisco Caracciolo, estuve en el Centro Penitenciario Sevilla 1, con los voluntarios de Solidarios para el Desarrollo, que todos los viernes realizan actividades relacionadas con la cultura en el aula habilitada para ello. La intención era hablar de literatura y del oficio de escribir, pero derivamos charlando de libertad y de libertades, de sueños y ensoñaciones, de utopías, de destinos, de igualdades y desigualdades.

He encontrado a hombres afables que sobrellevan su condena con dignidad. Curiosos, inquisitivos, familiares, cuidadosos en sus diligencias. Muchos nacieron y crecieron en entornos diferentes al mío. Y carecieron de mi suerte, pero todos nacieron en mi mundo. En los ojos de algunos aprecié ese estigma de melancolía que el fracaso deja sobrenadando en la mirada de los perdedores, como un rastro de caracol alejado ya del presente.

Coincidimos en la necesidad de soñar y alimentar los sueños. Un soñador podrá ser un marginado, pero jamás un cautivo. El mundo evoluciona porque la gente sueña con mejorarlo; sin soñadores, estaríamos aún en las cavernas. No es perfecto el mundo, no, pero entre todos podemos repararlo, regenerarlo, reconducirlo con paciencia hacia la justicia, en el más amplio sentido de la palabra, y para ello es preciso alimentar las utopías. Intentar cultivarlas a diario.

Al venirme, un señor mayor me regaló un grano de arroz chino, afilado y negro, como la punta de una aguja. También una lenteja china, muy pequeña y anaranjada, como una luna llena empequeñecida por la distancia, como el hálito de un sueño que alguna vez fue grandioso como un sol. Mañana sembraré esos recuerdos. Germinarán, estoy seguro.

— José A. Illanes